sábado, 25 de julio de 2020

¡Cuidado si cambia la cotización entre los dos pesos cubanos!

Por René Gómez Manzano.


En trabajos periodísticos recientes, varios colegas nos hemos referido a las últimas medidas adoptadas por el castrismo en el terreno económico. Pese a las inevitables discrepancias en el enfoque que cada uno le da a esa problemática, hay coincidencias esenciales. Es probable que la más caracterizada de ellas sea el atribuir las festinadas medidas que se adoptan a la extrema desesperación que embarga a los personeros del régimen.

Motivos de sobra tienen para ello: la pasmosa ineficiencia productiva que durante decenios ha exhibido el sistema socialista ha conducido a que Cuba, otrora la “azucarera del mundo”, a derechas no produzca ya ni el dulce. Ese panorama, que era de por sí desolador, se ha ensombrecido aún más como resultado de la paralización productiva generada por el coronavirus

En un artículo colgado el pasado martes en este mismo diario digital, yo me refería a diversas triquiñuelas empleadas a lo largo de estos decenios por el régimen castrista para esquilmar a sus súbditos. Las naturales limitaciones de espacio que impone el trabajo periodístico me impidieron agotar el tema.

Hubo en ese artículo una omisión de singular relevancia. Debido a su importancia, parecía adecuado abordar ese tema de manera especial y separada, como hago ahora. Conviene tratarlo aparte porque cabe en lo posible que las autoridades, en medio de esa desesperación que las embarga, pudieran intentar echar mano una vez más a ese fácil expediente para esquilmar a sus súbditos.

El sucedido data de los tiempos en que, gobernando en Cuba el fundador de la dinastía castrista, comenzaron a coexistir dos pesos cubanos: el “nacional” o CUP y el “convertible” o CUC. Durante ese dilatado período, imperó como regla una notable estabilidad en el valor recíproco de ambos. La relación de 24 del primero a 1 del segundo se mantenía en lo esencial.

Lo mismo es válido para la cotización de esos signos fiduciarios cubanos con respecto a las divisas aceptadas en todo el mundo. Incluso el dólar, moneda de la primera economía del planeta, pierde siquiera un poquito de valor cuando una catástrofe afecta a Estados Unidos. En Cuba no: Por aquí puede pasar un huracán que destruya medio país, pero el CUP y el CUC ni se dan por enterados…

Pues bien: hubo un momento en que esa envidiable estabilidad de las dos monedas pareció perderse. Un mal día, en las casas de cambio (CADECAs) redujeron la cantidad de “moneda nacional” que entregaban por cada CUC. Al otro día, dieron menos. Parecía que el CUP había iniciado un derrumbe irreparable ante su hermana “convertible”.

Jamás se dio una explicación para esa rara caída. A la natural ansiedad de los tenedores de CUC se unió la labor de la red de chivatos que sirven al régimen. En las inmediaciones de las CADECAs y aun a nivel de cuadra, los incondicionales del castrismo afirmaban que el desplome del “peso convertible” no había hecho más que comenzar. Sabían “de buena tinta” que seguiría bajando…

El resultado no se hizo esperar. Los ciudadanos hicieron inmensas colas ante las oficinas del monopolio cambiario para deshacerse de sus CUCs cuanto antes. “Es mejor hacer la cola y canjear los pesos convertibles ahora, antes de que caigan aún más”.

Desde el punto de vista económico, la artimaña no tenía el menor sentido. Un ejemplo: la venta de cigarrillos en las tiendas en divisas creció de modo exponencial, pues, debido al cambio de cotización, resultaba más barato comprar las marcas un poco mejores que éstas ofertaban, y no los infames “Populares” de las bodegas de barrio. Una verdadera locura.

Una vez que todos los crédulos se deshicieron de sus CUCs y desaparecieron las colas ante las CADECAs, la cotización entre ambos pesos retornó al habitual 24 a 1. ¿Cuántos millones recaudó el régimen con esta jugarreta que tuvo lugar más de una vez? Nunca se ha informado. Pasa lo mismo que con las ganancias del pulpo militar GAESA, jamás reveladas al “pueblo trabajador”, que es -se supone- “el dueño de todo”…

Aquí viene al caso una breve comparación. De tiempo en tiempo, la Televisión Cubana exhibe con satisfacción algún filme hollywoodense en el que se narran las maniobras de un especulador que, por medio de tretas, provoca, en el valor de determinadas acciones, oscilaciones de las que se aprovecha: En resumen, vende caro y compra barato.

Esas películas servirían para revelar la entraña rapaz del capitalismo. Pero se impone una comparación. ¿Qué diferencias (si es que alguna) hay entre una y otra situación? Creo que la más importante es la que hay entre los afectados: en Estados Unidos, la sufren millonarios menos astutos que el especulador; en Cuba, infelices que poseen unos pocos “pesos convertibles” para comprar artículos de primera necesidad.

Al rememorar esos sucedidos de años atrás, no me estoy limitando a hacer historia. Ya dijimos que los hechos demuestra que los mandantes castristas están desesperados ante la catástrofe económica que el coronavirus agravó, pero que ellos mismos, con sus políticas erradas, contribuyeron de manera determinante a crear.

Y ya sabemos que la desesperación es mala consejera. Las fullerías que he descrito tuvieron lugar bajo el mandato del hermano mayor que fundó la dinastía. Hasta ahora, su sucesor no ha repetido la triquiñuela. ¿Pero y si la necesidad lo hace cambiar de idea? Conviene estar alerta.
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