lunes, 8 de junio de 2020

Cuba, cara y reverso de una revolución fallida.

Por Jorge Olivera Castillo.

Turistas pasean por calle habanera.

Cuba es una “maravilla” de país. Un ejemplo de nación de poco más de 11 millones de habitantes que sobrellevan la perdurabilidad de las carencias con espíritu festivo, a veces acompañado de frases populacheras como: “No hay más na´” y “a gozar que la vida es corta”. La cohabitación con el conformismo es una realidad palpable en la mayor parte del territorio nacional. Se trata de una práctica modelada por circunstancias, donde el racionamiento, las limitaciones salariales, los problemas de vivienda, el escabroso acceso a los servicios básicos y un largo inventario de percances mantienen su vigencia con el pasar de los años. La tendencia al acomodo tiene no pocas variaciones, todas muy similares y asimiladas como alternativas en medio de las constantes, y a menudo severas, palizas existenciales.

El miedo a asomar la cabeza fuera del redil alcanza niveles que superan lo imaginable.

Casi nadie quiere terminar lapidado con sartas de acusaciones infamantes en los medios de comunicación o como comúnmente sucede en los predios de cualquier centro penitenciario, bajo los cargos que se les ocurran a los acusadores.

Aparentemente, la felicidad es un bien común, salpicado de algunos contratiempos, pero finalmente reflejado con asiduidad en las páginas de la prensa plana, las radioemisoras nacionales y provinciales y los canales de televisión, que no se quedan atrás en el afán de amplificar las bondades y paradigmas del sistema creado con retazos de marxismo-leninismo, despojos del ideario político de José Martí y caprichos a granel de quienes se empeñan en gobernar la Isla con mentalidad de cabo e ínfulas de sargento mayor.

Ese país atiborrado de bendiciones materiales y espirituales, puede apreciarse en toda su magnitud en las páginas del diario Granma.

Podría decirse que es Cuba en forma rectangular. En este caso, una ínsula que no deja de asombrar entre las manos de algún lector, casi siempre anciano, a duras penas sentado en el desvencijado banco de un parque o de los lectores que prefieren darle un vistazo, justo antes de romper y engurruñar el órgano oficial del partido comunista, para proceder a la impostergable higienización tras abandonar la superficie de un inodoro.

En ese territorio libre de escaseces y esperanzas a montones, es que la mayoría desea permanecer por tiempo indefinido, pero los anhelos se deshacen frente a las tarimas de los mercados de productos del agro, desde donde se explaya la pésima calidad de las ofertas y unos precios que parecen puñetazos a mano limpia.

La gente suele aliviar sus dolores de hambre y desilusiones con ron peleón y también con píldoras que ayuden a vaciar la mente de preocupaciones. Por otro lado, hay quien estudia los medios más efectivos para suicidarse o el escape hacia otras latitudes sin pensar mucho en las formas. El asunto es salir de lo que consideran una enredadera tejida a golpe de prohibiciones, penurias y retóricas triunfalistas.

Mientras transcurren los días sin atisbos de mejoras, la gente, cada cual a su manera, continúa arrancando minúsculos fragmentos de felicidad, entre la mugre y los embates de una crisis económica que anuncia peores escenarios en el futuro cercano.

No toman en serio al Granma, ni a Juventud Rebelde ni a las ondas de Radio Progreso y mucho menos a la señal del noticiario nacional de la televisión. Los pilares de una Cuba totalmente ficticia.

Solo fingen creer en el burdo reciclaje de expectativas promisorias o simplemente optan por renovar sus credenciales en el mundo de la apatía, colindante con el de la enajenación.

Es absurdo creer que el socialismo en Cuba marche por la senda de la virtud, según sus portavoces y amanuenses.

La calma que se respira y palpa hay que observarla con el prisma de la objetividad para alcanzar conclusiones, siempre relativas, pero acertadas y justas.

Dentro de una cárcel o un manicomio, no hay nada que celebrar. Con presos, orates y practicantes del silencio acomodaticio no se construye un país.

Cuba es un desastre. Una nación decadente. Un ejemplo modélico de lo que no se debe hacer.
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