jueves, 4 de junio de 2020

Sector privado cubano no es delincuente.

Por Iván García.


‘Es la ideología, estúpido’. Al menos así piensa, David, un jubilado de 79 años con la cabeza bien amueblada y una condición física estupenda. “Hago ejercicios tres veces a la semana, corro todos los días. participo en carreras de media maratón y soy capaz de nadar cien metros a mar abierto en poco más de un minuto”, confiesa risueño. Luego se pone serio y va al grano.

“Parafraseando el lema de la campaña presidencial de Bill Clinton en 1992, que decía ‘es la economía estúpido’, en el caso cubano te diría que todos esos operativos policiales por presuntas ilegalidades de los emprendedores privados, tiene un fondo doctrinario. La ideología marxista del gobierno cubano no comulga con la generación de riquezas. Por eso a los emprendedores les ponen un cepo con altos impuestos, no les propician un marco legal, les prohíben acumular capital”, señala David, mientras busca un documento entre los papeles regados en la mesa.

“Estos son los lineamientos del Partido Comunista (una especie de biblia por la cual se rigen las supuestas reformas económicas). En el cuarto acápite, dice -y lee en voz alta- que en las formas de gestión no estatales no se permitirá la concentración de la propiedad y la riqueza material y financiera en personas naturales o jurídicas no estatales. Continuar las regulaciones para evitar que se contraponga a los principios de nuestro socialismo”.

Aparta el documento y sentencia: “Hay que ser muy tonto, desinformado o ingenuo para pensar que el gobierno, que afirma ser la continuación de las doctrinas de Fidel, va a cambiar en el tema de los negocios privados. Nada esto me sorprende”. En su opinión, la propaganda negativa contra los particulares es una estrategia de las autoridades. Y el modo de actuar y las acusaciones son similares a operativos realizados en distintas etapas: riqueza indebida, malversación, vender a precios elevados, acaparamiento…

David recuerda que en los primeros años de la revolución cuando nacionalizaron centrales, empresas y le quitaron bodegas, edificios y otros negocios a empresarios acaudalados, la justificación fue que lucraban en detrimento del pueblo. Después, en 1968 decomisaron chinchales, bares y puestos de fritas, la excusa fue que se estaban enriqueciendo. En los 80, con los campesinos que vendían en el mercado agropecuario y los artesanos de la Plaza de la Catedral, el pretexto fue el mismo. A finales de los 90, para frenar el trabajo por cuenta propia utilizaron la misma coartada.

«Ahora repiten el discurso seudo populista. La cuestión de fondo es de principio, no aceptan al trabajo privado. No quieren que la gente haga dinero. El que no tomó nota y se decidió a invertir o pretende invertir en un futuro en Cuba con el mismo gobierno le sucederá lo mismo. El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”, afirma y relata que en los 60 su padre era dueño de una modesta carpintería de barrio con más deudas que ingresos. “Trabajaba con el viejo, que siempre estaba dispuesto a elaborar una cuna, un sillón o reparar un escaparate. Cobrábamos a plazos y a la gente del barrio le resolvíamos problemas caseros».

Hasta que en 1968 confiscaron la carpintería. David comenzó a trabajar como jefe de almacén en una cafetería estatal. En los años 80 fue sancionado a diez años por malversación. «Como todos en gastronomía estatal y comercio interior, y cuando digo todos son todos, lucrábamos con los productos del Estado. Esas instituciones son auténticas mafias. ¿Tú sabes cuál fue el detonante para abrirle un expediente a Robertico, administrador de la heladería Word en Santa Catalina? La envidia. Una día Ramiro Valdés, que transitaba por la avenida Boyeros en su Lada junto a su escolta, observó que uno de sus escoltas saludaba a un chofer que iba por la senda contraria y conducía un Lada igual, pero con mayores accesorios de lujo. Ramiro le preguntó quién era. Y cuando le dijeron que era un administrador de una heladería ordenó investigarlo. En esa redada cayeron muchos directivos de gastronomía».

David considera que en estos momentos la situación del sector privado es peor que en aquellos tiempos. » No existen mercados mayoristas y se encuentran cercados por los abusivos impuestos al dinero de las ventas, no al de las ganancias, como debiera ser. Los obligan a infringir las leyes para poder salir adelante. El gobierno lo sabe. Les da carrete. Y cuando aparecen ocasiones, como ahora con la pandemia, recoge el cordel y los mete presos”.

Arturo, economista, alega que la “revolución cubana siempre fue más política que económica. Amparándose en la igualdad social, no suelen ver con buenos ojos al trabajo privado. La actual Constitución dice que cuenta con los emprendedores, pero todo es de boca para fuera. En la práctica, excepto los negocios administrados por parientes o ex funcionarios del gobierno, suelen ver a los trabajadores particulares como presuntos delincuentes”, subraya y añade:

“El entramado impositivo está diseñado para que ese sector no prospere. El gobierno pretende que ganen el dinero justo para alimentar a sus familias. Y poco más. No desean que acumulen capital ni tengan propiedades. Los han utilizado como válvula de escape, para que los miles de empleados estatales desempleados tengan otra opción de trabajo. ¿Cómo los frenan? Con elevados impuestos, controles draconianos de inspectores estatales y obligándolos a infringir las normas. El Estado no les otorga créditos en temporada de huracanes o ahora con el Covid-19 para que puedan reflotar sus negocios. Al contrario. Los marcan como culpables de la escasez, las penurias y los altos precios. Soslayan que los precios más abusivos los tienen las empresas militares que controlan las tiendas y los hoteles por divisas con un margen de ganancias del 300 por ciento”.

Un abogado experto en temas económicos aseguró a Diario Las Américas que “son las propias incongruencias del gobierno las que sitúan en un limbo jurídico al trabajo por cuenta propia. Al no precisar sus estatus legal, facilitarles condiciones para sus negocios como mercado mayoristas e impuestos bajos para que florezcan los pequeños emprendimientos, los coloca en un marco de alegalidad, donde las reglas de juego no están bien definidas. Esas circunstancia ha provocado que la mayoría de los negocios privados tengan que tener doble contabilidad para poder tener ganancias. Si el gobierno desea de verdad que exista un sector particular boyante, tiene que definir el marco regulatorio. Permitir que los bancos otorguen empréstitos. Que puedan importar o exportar sus servicios. Que no los penalicen por contratar a mayor cantidad de trabajadores, como ahora, que mientras más empleados contratan, más impuestos debes pagar. Acabar con el doble impuesto, pues pagan uno mensual y otro que puede devorarte hasta el 50 por ciento de los ingresos el fin de año».

En su criterio, el gobierno debiera crear condiciones para que los particulares se abastezcan, porque el trabajo privado es fundamental para salir de la crisis, al ser el único sector que genera servicios de calidad y ha crecido en los últimos cinco años. «Acusarlos de infringir las leyes por cometer delitos que no están bien definidos es una violación jurídica. Los operativos que a diario trasmite la televisión transgrede una regla: la de presunción de inocencia. Un acusado es inocente hasta que se demuestre lo contrario. Las leyes también deben definir qué y cuánto se considera acumulación de riquezas, pues el acápite de los Lineamientos del Partido son muy ambiguos”, expresa el abogado habanero.

David, de 79 años, ofrece un consejo irrebatible: “No se puede hacer negocios en un sistema político que ve al trabajo privado como sospechoso”. Él lo tiene claro: es la ideología, estúpido.
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