jueves, 25 de junio de 2020

El gran lastre económico de Cuba.

Por Sergio Ramos.


Tal como ha ocurrido en muchos países del mundo, Cuba está sumida en una profunda crisis económica como resultado del impacto causado por el disloque de los mercados internacionales a raíz de la pandemia del COVID-19.

Sin embargo, la situación de la Isla se agrava exponencialmente a causa de la ineficiencia intrínseca del modelo económico impuesto por la dictadura. El pueblo cubano está padeciendo una severa escasez de productos de primera necesidad y alimenticios que al régimen le es imposible resolver.

Actualmente, existe una gran preocupación en las altas esferas de la casta gobernante. Por tal razón, hace varios días comparecieron en el programa televisivo Mesa Redonda tres de las más altas figuras del régimen: el gobernante Miguel Díaz-Canel, el primer ministro Manuel Marrero Cruz y el Ministro de Economía Alejandro Gil. Sus intervenciones estuvieron cargadas justificaciones infundadas, sin afrontar el meollo de la causa real de la crisis económica de afecta a Cuba.

Posteriormente, el ministro de Comercio Exterior, Rodrigo Malmierca, como parte de la desesperación económica de la dictadura castrista, recordó a los cubanos en el exterior que pueden invertir “sin límites” en el país. También anunció que se les concederá autorización a ciertos cuentapropistas para exportar sus productos.

Un hecho cierto es que, por su naturaleza totalitaria, exclusivista y dictatorial, el régimen cubano no ofrece garantías de estabilidad ni de seguridad para la inversión extranjera ni para la comunidad de emigrados. Se trata de un problema sistémico: cualquier inversión en Cuba es de muy alto riesgo pues constantemente estará a expensas de su expropiación arbitraria sin indemnización a causa de las inconsistencias, las arbitrariedades, la corrupción y los fanatismos ideológicos de la casta gobernante que por más de 60 años usurpa el poder que le corresponde al pueblo.

La realidad es que ninguna de las nuevas medidas adoptadas por el régimen contribuirá a resolver la crítica situación económica del país, puesto que la génesis del mal radica en el inoperante e improductivo sistema económico de control y propiedad estatizada impuesta por el régimen. Un sistema económico que nunca ha dado resultados y que ha mantenido al país en la pobreza por 60 años.

Para que el país pueda resolver la crisis y salir de la pobreza en que está sumido se ha de empezar por abrir plenamente la economía al libre mercado y a la tenencia de la propiedad tanto de los bienes de consumo, como de producción, no solo para los extranjeros o los cubanos en el exterior, sino para todos los ciudadanos cubanos que residen en la Isla. Estas medidas deben ser acompañadas de garantías plenas para la seguridad y estabilidad en la tenencia de la propiedad privada, tanto agrícola, industrial, comercial, como también en lo personal. Además, debe proveerse de incentivos a la inversión y a la reducción de los impuestos a niveles razonables, incluyendo la exención contributiva para la inversión en la agricultura, industria y comercio y permitir la libre contratación de los trabajadores bajo condiciones salariales justas y dignas que garanticen el bienestar de los ciudadanos.

O sea, ha de desecharse por completo el modelo de economía estatal centralizada del comunismo y adoptar un modelo de libre empresa y mercado.

Obviamente, sabemos que eso es algo que la minoritaria casta de la alta cúpula en el poder no está dispuesta a hacer, puesto que perdería el control férreo que tienen sobre el país y, en última instancia, su dominio sobre el ciudadano común.

Para resolver el problema económico de Cuba se requiere el cambio radical de modelo económico, lo cual también requiere, a priori, un profundo cambio en el modelo político orientado hacia la democratización del país, algo a lo le tienen terror los altos jerarcas del Partido Comunista de Cuba (PCC).

De hecho, a principios de este siglo la cúpula gobernante estuvo considerando cambios en el modelo económico e hizo estudios sobre la posibilidad de la implantación del modelo chino y el modelo vietnamita. Este último fue muy considerado por ser más restrictivo, pero al final fueron arropados por el miedo al cambio y desecharon ambos, pues hacerlo pudiera conllevar una pérdida en los niveles de poder absoluto que ostentan.

Cabe señalar que ambos modelos económicos, el chino y el vietnamita, son inaceptables como remedios para los males que sufre Cuba, porque ambos conllevan el continuismo del régimen dictatorial.

A fin de cuentas, mientras los castrocomunistas estén en el poder en Cuba, todo seguirá igual. La pobreza, la escasez y el hambre continuará arropando al país, manteniendo al pueblo cubano sumido en la opresión y la miseria al tiempo que la minoritaria casta gobernante seguirá enriqueciéndose a costa de la explotación de los trabajadores cubanos.

Y de nuevo, insisto, solo un profundo y radical cambio en el modelo político hará posible que se produzca un verdadero y real cambio de modelo económico que dé al traste para siempre con la pobreza y la opresión del pueblo Cuba.
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