jueves, 1 de octubre de 2020

El gran truco castrista de los CUC.

Por Roberto Álvarez Quiñones.

CUP y CUC.

Ahora que el CUC (Peso Cubano Convertible) casi quema las manos y todos quieren soltarlo cuando antes, es oportuno repasar para qué fueron creados los también llamados chavitos y por qué ahora son echados a un lado por el régimen.

En 1993, en el pico del "Periodo Especial" y ante la aguda escasez de divisas, el creciente descontento popular y la posibilidad de una desestabilización política del régimen, Fidel Castro legalizó por fin la circulación del dólar para que la "mafia de Miami" inundara la Isla con dólares.

Así fue. Entonces el comandante tuvo otra idea mejor y en 1994 inventó el CUC, supuestamente a la par con el dólar (1x1) y una tasa interna de 25 pesos corrientes (CUP) para comprar un CUC. También dio resultado. Desde entonces, para comprar en las "shopping" ya la gente disponía de los coloreados chavitos.

El dictador fue más allá y, cuando en 1999 se estableció en Cuba la agencia Western Union (por una licencia concedida por el presidente Bill Clinton), el régimen le exigió entregar CUC y no dólares a quienes recibieran remesas. Dicha compañía, creada en 1856 en Nueva York, aceptó. Más bien la Western Union se sometió, pues no es así como opera en la mayoría de los países del mundo.

O sea, desde hace 21 años cada dólar que entra en Cuba ha sido secuestrado por el régimen al instante. Y entrega a cambio papelitos que son en verdad "vales" (como se decía antes) sin respaldo alguno, pues no son convertibles: el Gobierno no tiene dólares para hacer el cambio al revés, cosa que sí se puede hacer en el mundo normal.

Dado el éxito del chavito para la dictadura, en 2004 Castro I volvió a prohibir la circulación del dólar y obligó a sus tenedores a cambiarlos por CUC para poder comprar en las shopping.

Ya depositados, nadie puede sacar dólares de su cuenta.

Y recientemente el truco pasó a una fase superior, que marca ya el fin del CUC. Para perfeccionar la succión de dólares sin tener que imprimir más "vales", en 2019 el Gobierno ideó una forma más moderna. Vio la luz la tarjeta magnética bancaria adquirida con dólares recibidos del extranjero y depositados en una cuenta, para comprar en 72 tiendas del país.  

Pero, ¡sorpresa!, la novedosa tarjeta viene enyuntada con una trampa. Una vez ya abierta la cuenta y depositados los dólares enviados desde el exterior, el cuentahabiente no puede extraer dólares de su propia cuenta. Increíble, pero cierto.

Y es que esas cuentas bancarias para obtener las tarjetas magnéticas son saqueadas por el Gobierno en el mismo momento de abrirse la cuenta. De manera que la cuenta es un cuento chino, y valga la rima. Todos los dólares depositados son retirados y gastados por el Gobierno. Es decir, el cuentahabiente simplemente ha sido robado. Perdió sus dólares. No existen, pues el régimen ya los gastó.

Si alguien recibe 1.000  dólares en un trimestre desde Miami, los deposita, obtiene la tarjeta magnética bancaria, y luego necesita dólares para necesidades que se le presentan, no puede recuperar de esos 1.000 dólares ni un solo dólar. Su cuenta está vacía.

No obstante, debido a tanta miseria y escasez, muchos de quienes reciben dólares "se dan por dichosos" de poder comprar con esas tarjetas y con CUC. Y así estamos ante una expresión del síndrome de Estocolmo, algo común en las autocracias. Aquí el síndrome consiste en que el cubano expoliado por la "revolución", le agradece a esa "revolución" que le permita comprar en tiendas especiales alimentos y artículos que casi han desaparecido de las demás tiendas de la nación.

Una enorme cantidad de CUC sin respaldo de dólares ni respaldo productivo.

Un factor que erosionó al CUC es que el Gobierno ha estado imprimiendo CUC a diestra y siniestra, sin el respaldo equivalente en dólares. Debido a esa mano suelta para imprimir chavitos en colores al por mayor, hay en Cuba una masa de CUC superior a la que correspondería si estuviese respaldado con dólares de verdad.

El volumen de dinero en circulación no debe nunca superar notablemente la oferta de bienes y servicios. Con más dinero circulando que respaldo productivo (oferta) la moneda se devalúa, los precios se disparan y la economía cae en recesión. O sea, las leyes económicas pasan la cuenta a quienes las ignoran o pretenden burlarse de ellas.

En Cuba circulan más CUC de lo que la economía puede soportar. Con la crisis económica el país produce muy poco y no hay cómo importar alimentos. No hay divisas para importar y aumentar la oferta de bienes y servicios, ni tampoco para comprar alimentos y medicinas porque el Estado está quebrado financieramente. Con el Covid-19, el turismo se desplomó. Y en Venezuela hay otra crisis devastadora.

Como hay más chavitos de la cuenta, estos tienen cada vez menos poder adquisitivo. Se han devaluado hasta en un 100%, pues en el mercado monetario subterráneo ya hay que dar hasta dos CUC por un dólar.

Es decir, el CUC fue útil al Gobierno, pero ahora es un estorbo, por tres razones básicas: 1) el Gobierno ya no quiere recibir en las shopping  "vales"  no convertibles, sino dinero de verdad; 2) no tiene tampoco cómo abastecer a las tiendas recaudadoras de divisas ni a las demás que todavía aceptan los CUC; 3) los tenedores de CUC los quieran soltar como sea, dando hasta tres por un dólar, o incluso comprando CUP, porque ya saben que solo va a quedar circulando el peso corriente cubano como única moneda, junto al billete del "enemigo".

El régimen quiere dólares, no "vales" no convertibles.

Se da aquí una paradoja. La economía no puede funcionar con dos monedas nacionales, pero la reunificación monetaria en medio de una profunda crisis económica (el viceprimer ministro Ricardo Cabrisas recientemente admitió en Moscú que el comercio exterior cubano "está paralizado"), es muy riesgosa y puede ser un remedio peor que la enfermedad.

Con el centralismo estatista estalinista no hay forma de aumentar la oferta con producción de bienes y servicios que eviten que los precios se disparen, que el CUP se desplome sin control y la inflación hunda la economía en un colapso inédito. Pero la reunificación monetaria es un tema para ser examinado por separado.

Por último, es bueno precisar que, ciertamente, en la mayoría de los países solo se puede comprar utilizando la moneda nacional. La diferencia está en que, en esos países, con la moneda nacional se pueden comprar dólares, euros y otras monedas convertibles fuertes, y con el peso común cubano (CUP) no. O sea, el peso ahora no es convertible como lo fue durante la república precastrista, cuando normalmente los pesos eran cambiados por dólares en cualquier banco comercial en Cuba.

En fin, los Castro no concibieron el CUC para facilitar un mayor acceso de los cubanos que recibían remesas a las tiendas recaudadoras de divisas, ni tampoco para mejorar el comercio minorista en general. El chavito fue planeado como un instrumento para apropiarse por adelantado de cada dólar que llegara a la Isla.

Y fue muy útil. Tanto, que en 26 años el régimen se ha apropiado de miles de millones de dólares. De hecho fueron secuestrados a sus tenedores. Pero ya no es útil, Castro II quiere billetes verdes y no "vales" como los que él daba a los empleados rurales en la tienda de su padre en Birán, que solo servían para comprar en esa tienda.

A propósito, el hoy dictador "administraba muy bien" esa tienda, tal como le dijo el viejo Castro a Fidel cuando el joven gangster decidió llevarse a su hermano para La Habana  a "encaminarlo",  ya sabemos cómo.

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