martes, 27 de octubre de 2020

Socialismo: sinónimo de “chapucería".

Por René Gómez Manzano.

En días pasados, nos enteramos de una información pasmosa: Según Heraldo de Cuba, Marino Murillo Jorge declaró que “cuesta más producir un litro de leche en el país que importarlo”. Como se trata de algo inverosímil, vale la pena reproducir el razonamiento (algún nombre hay que darle) que se ha seguido para llegar a esa absurda conclusión.

“Si una tonelada de leche tiene 10 mil litros” (y cuesta 300 dólares, comento), “entonces un litro de leche importada estaría costando 30 centavos. La leche que se le compra al productor cuesta 4.50 CUP”. Examinemos esas nuevas Cuentas del Gran Capitán: Al cambio normal, cada dólar o peso cubano convertible (CUC) vale lo mismo que 24 pesos en “moneda nacional” (CUP). Luego los 30 centavos equivalen, en realidad, a 7.20 pesos cubanos. Cuesta -pues- mucho más de lo que se le paga al productor nacional.

Aquí entran a funcionar las reglas locas establecidas por los incapaces que rigen la “economía socialista”: Lo de 24 por 1 rige para cualquier hijo de vecino que cambie una moneda por otra. En las “empresas socialistas” impera la falsa paridad de las dos. Entonces, afirmar que lo pagado por un litro al productor nacional es más que lo que cuesta importarlo, sólo es válido si se emplea esa jugarreta contable irreal y absurda.

Si el amigo lector ha logrado conservar su salud mental después de leer enormidades como las antes consignadas, entonces podemos pasar a lo que en realidad constituye el tema central del presente trabajo periodístico. Me refiero a las chapucerías consustanciales al socialismo, de las cuales la situación que estoy analizando constituye sólo un ejemplo más.

En puridad, no puede existir una equivalencia entre uno y otro precio: El producto importado es leche en polvo, alimento habitual en países hambreados, pues sólo requiere ser mezclado con agua. El del ganadero cubano, por su parte, es leche fresca. Al trazar un signo de igualdad entre uno y otro, se está poniendo de manifiesto la esencia chambona del sistema impuesto en Cuba. Sólo así se justifica la comparación.

Pero el caso no es único. Hay otras muchas situaciones en las que se revela que el socialista es un régimen de chapucerías. Pongamos otro ejemplo: el estado de las vías públicas (y conste que no me refiero sólo a las de un barrio periférico o un pueblo de campo, sino también a las del céntrico Vedado habanero, en el que resido).

Sólo por excepción las aceras están en buen estado. Lo más frecuente es que hayan sido rotas por las raíces de los árboles que abundan en esta zona de la ciudad. Otras han sufrido por el abandono de años, o han sido levantadas por el empleo de palas frontales para limpiar las acumulaciones de basuras y desperdicios. No es raro encontrar alcantarillas sin tapa.

Las superficies asfaltadas, a su vez, suelen presentar innumerables baches. Pero si no es ese el caso, entonces no es raro que estén a un nivel más alto que el de las aceras. Esto obedece a que quienes las reparan no se molestan en levantar la capa antigua de chapapote antes de echar la nueva. (Con esto, por cierto, pierden la oportunidad de reciclar el asfalto usado). En esos puntos, para pasar de la calle a la acera hay que descender, y viceversa.

Otro ejemplo es el de la prensa periódica. En la “otra era”, mi familia estaba suscrita al diario Información. No recuerdo una sola ocasión en que, al levantarnos a las seis y pico de la mañana, no estuviera ya en nuestro balcón el número del día. Bajo el castrismo, esto dejó de ser realidad. Se hizo habitual que los diarios pudiesen ser conseguidos sólo a media mañana.

Pero ya ni eso. En la actualidad, la prensa cubana parece una puesta en escena de la canción de Héctor Lavoe Tu amor es un periódico de ayer. Vendedores y clientes le plantean a uno, con la mayor naturalidad del mundo, que la prensa que circula y se vende en horas del mediodía de hoy es la de ayer. O sea: que ni para distribuir su propaganda son eficientes.

¿Y qué decir de la alimentación? Un solo ejemplo: el excelente café cubano, que durante años se cultivó en nuestras montañas. Tras la trepa al poder de los castristas, el fundador de la dinastía tuvo la peregrina idea de fomentar el llamado “Cordón de La Habana”. Elemento central de esa nueva obsesión del “Comandante en Jefe” sería la siembra de una nueva variedad de cafetos.

Se trataba del “café caturra”, una planta que produce un grano de calidad ínfima. A lo largo de los años, los capitalinos se vieron obligados a realizar “trabajos voluntarios” durante horas en el dichoso “Cordón”. Por suerte o por desgracia, no conozco a alguien que haya cosechado un solo grano o se haya tomado una taza del brebaje, aunque se trate del pésimo que puede confeccionarse con el “caturra” castrista.

Otra chapucería, más personal, es la que padecí cuando en la Biblioteca Nacional se me ocurrió consultar el Diccionario de la Real Academia Española. La empleada me miró como si yo fuese el bicho más raro del mundo. Imagino que haya pensado: “¿De dónde habrá salido este tipo?”. ¡Y eso en la capital de un país de habla hispana!

Los ejemplos pudieran multiplicarse. Con toda seguridad, los lectores podrían aportar muchos más. Lo importante es la conclusión ineludible: Si algo caracteriza al sistema socialista es la chapucería que le es consustancial.

Share:

0 comments:

Publicar un comentario