jueves, 29 de octubre de 2020

¿Quiénes pondrán punto final a este engendro de régimen?

Por Tania Díaz Castro.

No hay receta para que termine el castrismo socialista cubano, una fecha exacta, sorpresiva, espectacular, de un día para otro como la del desmerengamiento del socialismo soviético.

Si la desaparición total del estado soviético tomó por sorpresa a muchos, no ocurre así con el lento, pausado y diluido régimen castrista de Cuba, algo que comenzó mucho antes de que Fidel Castro rodara escaleras abajo, y poco después delegara todos sus poderes a su hermano menor, fuerte aficionado del militarismo.

Raúl, en diez años al frente del régimen, nada pudo hacer para que Cuba se librara de una crisis económica permanente que azotaba la Isla desde hacía décadas.

Así continuó el régimen castrista, basado en ilusiones, por obra y gracia de la propaganda de sus medios de comunicación, mientras el pueblo se mantiene al margen y a la expectativa, en espera de un final definitivo.

¿Podría decirse que esos miles de trabajadores independientes, surgidos por fuerza natural y espontánea en una sociedad enferma, pueden influir en una mejora de la economía, mientras que el centralismo de estado frena iniciativas privadas llamándolas ilegales y, por último, llevando a prisión a los cubanos?

¿En qué se han convertido pues los planes de Fidel y su Revolución -esos tantos que se vieron frustrados-, que iban desde el llamado Cordón de La Habana, una producción de leche que llenaría la bahía capitalina, convertir a Los Andes en una Sierra Maestra, con guerrilleros de izquierda y, por último, junto a Irán, poner de rodillas a los Estados Unidos?

El origen de la Revolución bien se recuerda: primeramente, se derrocó a una dictadura impuesta por un golpe de estado, y, a continuación, Fidel implantó otra dictadura mucho más agresiva. Castro escogió el camino del autoritarismo, su revolución tuvo más de 10 000 presos políticos por largos años, miles de fusilados, fundó un partido único, eliminó las elecciones libres y formó grupos para controlar cada aspecto de la vida de los cubanos, mientras que los opositores o disidentes eran forzados a emigrar.

A partir de esos momentos Cuba se convirtió en un estado fallido, el embrollo de una economía loca, cuyas consecuencias son un mercado negro y la ilegalización general del pueblo.

Pero, ¿quiénes serán los que pondrán punto final a este engendro de régimen, donde entre análisis y reuniones no se llega a soluciones concretas para el bienestar de un pueblo que carece de tanto para vivir? ¿Serán los profesionales bien educados, como en la URSS lo fueron Gorbachov y Putin? ¿Qué hará Díaz-Canel, quien heredó un régimen torcido que ni su propio creador pudo enderezar en 40 años, cuando el dinero soviético se recibía a manos llenas y salía para satisfacer los planes izquierdistas en América Latina?

Tremenda tarea tiene por delante Díaz-Canel y comparsa, cuando la realidad cubana pide a gritos que se relaje el control del régimen sobre la economía, que se puedan lograr inversiones extranjeras, que se conceda el derecho a huelga, que los cubanos tengan acceso a mejores salarios y condiciones laborales, y que la prensa cubana pueda publicar artículos críticos sobre un gobierno dictatorial.

Como ocurrió en la URSS con Gorbachov, un día renunciará Díaz-Canel, y al día siguiente se firmará una declaración oficial informando la disolución del castrismo. Entonces, los cubanos del exilio podrán llegar a Cuba a levantar la economía cubana -como lo hicieron en la Florida- en vez de enviar remesas a la isla.

Y es que el régimen cubano ha tenido que reconocer, como una gran derrota, que el éxito de nuestra economía depende de los mejores vínculos con un exilio cubano próspero y dinámico, y no de aquella enemistad impuesta por el Iluminado, como lo llama el Poeta.

Fidel y Raúl tuvieron la buena precaución de no sustituir la bandera cubana por la del 26 de Julio, o por esa otra de la hoz y el martillo. Sabían que cualquiera de estas dos tarde o temprano tendrían que ser arriadas, porque árbol que nace torcido, jamás su tronco endereza.

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